Entre Sospechas Anda El Juego
Editado por Marián Amigueti
Sospecha, desconfianza, duda, incertidumbre, recelo, conjetura, especulación, suposición y mucha imaginación: eso es lo que da forma a una novela de misterio. Eso es lo que la convierte en una novela de misterio.
¿Mi debilidad? Las coincidencias con sentido… y las que carecen de él.
Al observar los cuerpos —y hay bastantes—, si en efecto hubo una mano misteriosa detrás de todo, surge la pregunta inevitable: ¿cómo se hizo?
Las explicaciones simples, evidentes a partir de los principales hallazgos forenses, se construyen con facilidad. Y, sin embargo, empiezan a resquebrajarse cuando el sentido común sugiere que podría ser de otro modo, sembrando desconfianza donde antes había fe ciega y creando un juego lúdico de sospecha que se infiltra en todos los aspectos del crimen.
Se convierte en un juego para el asesino —si es que existe—, en el que detectives, policías, forenses y abogados pasan a ser simples peones que se mueven en un tablero intentando dar sentido a los asesinatos.
Son ciento sesenta y tres palabras y no te he dado ni una sola pista.
En efecto, nunca mejor dicho: entre sospechas anda el juego.
